El 4 de noviembre, tuvieron lugar dos eventos con importantes implicaciones para la paz y la prosperidad mundiales.
El primer evento, por supuesto, fue la celebración de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos.
El otro evento ocurrió en el otro lado del mundo. En Taipei, los equipos negociadores que representaban a los Gobiernos de Taiwán y de China continental firmaban una serie de acuerdos que suponen un paso histórico hacia el alivio de las tensiones a través del Estrecho de Taiwán y que fortalecen las expectativas de paz y prosperidad en la región de Asia-Pacífico.
De la misma manera que las naciones de todo el mundo esperaron un estilo y una esencia del líder americano que evitara el rígido unilateralismo en favor de la construcción de un consenso flexible, así también han estado esperando un cambio de intenciones en los líderes de ambos lados del Estrecho de Taiwán que reemplazara el peligro creciente de guerra catastrófica por el progreso hacia una paz duradera.
Los cuatro acuerdos del 4 de noviembre, junto con los dos firmados en Pekín el pasado 13 de junio, son señal de un cambio de parecer, un cambio en las actitudes de las autoridades tanto de Taipei como de Beijing, pensado para lograr una cooperación sostenida y para construir una confianza mutua.
Se trata de acuerdos técnicos que establecen las bases formales para los modos de interacción que prácticamente todas las sociedades en la comunidad internacional dan por supuesto en sus relaciones.
Se incluyen en ellos medidas para garantizar la seguridad de alimentos importados; para iniciar transporte marítimo directo; para iniciar vuelos charter en días laborables a través del Estrecho, y para expandir la cooperación en materia de servicios postales. Los dos primeros acuerdos abrieron la puerta a los vuelos charter en fin de semana y a las visitas de grupos de turistas del continente a Taiwán.
Lo ordinario de tales acuerdos en las relaciones internacionales pone de relieve los anormales y disfuncionales que han sido las relaciones entre Taiwán y China continental durante más de medio siglo.
El presidente de la República de China, Ma Ying-jeou, que tomó posesión del cargo en mayo con la fuerte determinación de mejorar las relaciones a través del Estrecho, ha establecido recientemente el tono para futuras consultas y negociaciones enfatizando cuatro principios: los dos lados deben afrontar directamente la realidad; ninguno de los dos debe negar la existencia o legitimidad del otro; el bienestar del pueblo debe ser la principal prioridad; y cualquier acción que adopten debe ir encaminada a la búsqueda de la paz.