Los íconos más antiguos que se conozcan de los apóstoles Pedro y Pablo fueron descubiertos en una catacumba situada bajo un edificio en un barrio residencial de Roma.
Las imágenes del siglo IV fueron halladas por medio de una técnica láser que permite quitar el calcio blanco depositado a lo largo de siglos sin dañar los colores oscuros de las obras originales.