El Caribe ha sido el destino final de la paloma Judy, perteneciente a un jubilado británico, que recorrió unos ocho mil kilómetros de distancia tras desviarse de su trayecto original, informó el diario "The Times".
La paloma aventurera competía con otros tres ejemplares del británico John Stewart en una carrera desde Bourges (Francia) hasta Hadston, en Northumberland (noreste de Inglaterra), donde reside el jubilado.
Mientras que dos de las aves llegaron al destino el día siguiente tras volar unos 960 kilómetros, Judy se desvió para dar media vuelta al mundo y aparecer en la isla caribeña de San Eustaquio, en las Antillas Holandesas, donde fue hallada por una pareja de expatriados británicos.
La tercera paloma, llamado Punch, no ha aparecido por el momento.
Las personas que encontraron a Judy localizaron el número de identificación de la anilla que lleva en una de sus patas y comunicaron el hallazgo por correo electrónico al North England Homing Union, organismo británico que se encarga de localizar pájaros perdidos.
Miles de egipcios siguieron el trayecto, de más de diez horas de duración. La estatua, de 83 toneladas de peso y más de once metros de altura, comenzó su recorrido la madrugada del viernes desde la plaza que lleva su nombre, frente a la principal estación de ferrocarril, donde permaneció más de 50 años.
Rodeado de un andamio de metal y vendado en los puntos más sensibles, el coloso fue transportado en dos plataformas móviles, remolcadas por un gran camión, en un largo y lento trayecto, de 35 kilómetros.
Allí, cerca de la carretera que une El Cairo y Alejandría, se quedará temporalmente en un almacén especial a la espera de ser colocado en el nuevo Museo Egipcio, en la misma zona, cuya construcción terminará en 2010.
El coloso parecía sonreír mientras avanzaba con lentitud por las avenidas del centro de la capital egipcia, cuyos habitantes salieron por millares a contemplar la espectacular caravana, escoltada por centenares de policías.
Desde la calle, pero también desde las terrazas y ventanas, miles de egipcios no dejaron de ovacionar el traslado del monumento, decidido para protegerlo de la contaminación causada por los miles de coches que pasan a diario por la plaza Ramsés, la más concurrida de El Cairo, y los temblores causados por el metro.
Uno de los momentos más emotivos fue cuando el convoy pasó frente a la sede del opositor partido Al Ghad, donde un grupo de miembros del movimiento comenzó a entonar las primeras estrofas del himno nacional, que fue continuado por centenares más. Mientras, miles de personas seguían aclamando el paso de Ramsés II, en cuya cabeza era visible el "nemes" -tradicional velo faraónico- y la corona -símbolo de unión entre los antiguos reinos del Alto y Bajo Egipto-.
"Al ver el paso de este coloso, el corazón se le para a uno", dijo a Efe Kamal, un joven egipcio de 18 años. Mientras trataba de vender "samit" (pan tradicional egipcio) a los asistentes, el joven cairota justificaba su orgullo en que la escultura del faraón "es parte de nuestra historia y civilización". Sin embargo, aunque la mayoría se mostró alegre durante el traslado, no todos estaban de acuerdo.
"Para mí, sacar a Ramsés II de la plaza es un error porque lleva aquí décadas, la gente estaba acostumbrada a verlo, mis clientes llegaban a mi hotel guiados por la estatua", afirmó con manifiesto desagrado el dueño de un hotel, que declinó identificarse.
También hubo quejas de algunos jóvenes, que recordaban a los periodistas que el Islam prohíbe los ídolos y que Egipto tiene necesidades más urgentes que el traslado del coloso.
"Tenemos un Gobierno retrógrado por gastar más de un millón de dólares en trasladar ese ídolo. Ruego a Dios que lo haga mil pedazos", dijo Riz Mohamed, que se identificó como musulmán y que, pese a lo dicho, se acercó a ver la caravana.