El jefe de los obispos católicos de Estados Unidos llamó ayer a los líderes de la iglesia, sacerdotes y feligreses a sanar las divisiones que han brotado durante casi un año de escándalos de abuso sexual clerical.
El obispo Wilton Gregory, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos, inauguró una reunión de la jerarquía católica estadounidense con un discurso que habló poco de las víctimas y mucho del futuro de la iglesia.
En la reunión de obispos en junio, Gregory estableció el tono con un discurso en el que reiteradamente ofreció disculpas por la forma en que la iglesia lidió con las denuncias de abusos.
Los defensores de las víctimas hicieron notar ayer el nuevo enfoque en las declaraciones de Gregory, y acusaron a los obispos de abandonar su compromiso con las reformas.
Gregory negó que hubiese un cambio, y se esperaba que los obispos aprueben esta semana una política que explique cómo eliminar a los sacerdotes culpables de todo trabajo en los templos.
Pero Gregory también dijo que la crisis que estalló en enero con el caso de un pedófilo en la arquidiócesis de Boston ha fracturado"" las relaciones entre prelados, sacerdotes y los católicos. Admitió que los sacerdotes se sienten injustamente juzgados"" por los pecados de unos pocos.
Se cree que al concluir la semana los sacerdotes aprobarán la más reciente versión modificada de las sanciones que aplicarán a los prelados que cometan actos de abuso sexual.
Gregory dijo que críticos dentro y fuera de la iglesia han buscado sacar provecho de los escándalos del último año a fin de socavar la propagación de la fe católica, e instó a los obispos a desafiarlos. Asimismo pidió a los obispos que no permitan que la crisis causada por los abusos sexuales fracturen su relación conjunta.
Los obispos aprobaron un plan disciplinario cuando se reunieron hace cinco meses en Texas. La política que tiene la conferencia por delante es una modificación negociada con el Vaticano, de tal manera que se protejan los derechos de los sacerdotes y se subraye que los obispos, y no los laicos, tengan la autoridad para supervisar a los clérigos.
Los defensores de las víctimas alegan que el nuevo plan será engorroso y secreto. Aunque se les permitió hablarles a los obispos en Dallas, no lo harán en esta reunión, pese a que lo solicitaron, según dijeron.