Pensando en la utilización del hidrógeno, los fabricantes de automóviles hace tiempo que están desarrollando vehículos especiales en los que los motores tradicionales de combustión interna son reemplazados por motores eléctricos alimentados por la energía de las llamadas pilas de combustible.
Las grandes automotrices del mundo apuestan al hidrógeno para reemplazar los combustibles derivados del petróleo.
Usando una pila que extrae los electrones del hidrógeno para convertirlos en electricidad y sin conexiones mecánicas, el auto a hidrógeno avanza silenciosamente. Y, mejor aún, su residuo no contamina.
Se sabe que el hidrógeno es un recurso inagotable, renovable, ecológico y fácil de obtener y usar. Aplicado a los autos, además, salvaría unas cuantas vidas.
Según un artículo de la revista Nature se evitarían más de 6, 000 muertes sólo en EE.UU. si todos los vehículos funcionaran con esta tecnología.
"Los inconvenientes para masificar su aplicación pasan por lo costosa que resulta todavía la producción, el alto costo de almacenamiento y las pilas de combustible, que tienen un gran peso. Los vehículos son todavía muy caros en comparación a los a nafta o gas oil", explica el ingeniero y especialista en energías renovables Alejandro Zitzer.
Y agrega: "En el mundo hay un gran impulso de esta tecnología. Un estudio de la consultora PriceWatherhouse dice que esta industria supondrá 46 mil millones de dólares para el año 2011 a nivel mundial".
Para demostrar que esto es posible, la Unión Europea puso en marcha hace dos años el programa CUTE (sigla de Clean Urban Transport Energy y juego de palabras: "cute" significa "lindo" en inglés) que usa el hidrógeno en colectivos.
Se empezó por Madrid, con la puesta en funcionamiento de una planta de producción y suministro de hidrógeno para autobuses urbanos y se fue ampliando a otras ciudades europeas como Londres, Amsterdam, Estocolmo, Hamburgo, Stuttgart, Barcelona, Porto y Luxemburgo.
Sumándose a la tendencia, Canadá -uno de los países líderes en la materia- anunció la construcción de la Autopista del Hidrógeno: más de 160 kilómetros entre Vancouver y la estación de esquí de Whistler con un sistema de producción y abastecimiento para los vehículos.
La asociación industrial que impulsó el proyecto, Fuel Cells Canada, estima que los primeros surtidores entrarán en funcionamiento a partir de 2007 y para 2010 la infraestructura estará funcionando al 100%.
A más largo plazo, y casi como una ciudad del futuro, prevén construir un pueblo totalmente abastecido por hidrógeno.
También Estados Unidos, Japón y Alemania avanzan en el desarrollo de pilas de combustible. En los EE.UU., General Motors (GM) y Shell acordaron introducir vehículos con el sistema en Nueva York más la instalación de la primera estación de servicio de hidrógeno.
GM además aspira a utilizar estos vehículos en California -que también tendrá su propia autopista de hidrógeno en el futuro- y en Detroit y a ampliar la flota existente en Washington.
En la Argentina, mientras tanto, el proyecto más destacado es la planta de producción de hidrógeno de Pico Truncado, Santa Cruz, que se inauguraró en el 2005.
Es la primera en su tipo en América Latina y produce hidrógeno a través de la granja de energía eólica que tiene la localidad.
Ahora, la pregunta que surge es: ¿se puede considerar ya el hidrógeno una alternativa a los combustibles fósiles? Y la respuesta es: no.
No porque no existe todavía ni la producción suficiente de hidrógeno, ni se ha decidido cómo obtenerlo, ni existe la infraestructura de avituallamiento para los coches que lo puedan utilizar.
¡Hidrógeno, por favor!
Hay quien defiende los motores diésel, otros optan por los híbridos, o por los que utilizan biocombustibles, pero nadie duda de que el automóvil limpio se alimentará de hidrógeno. Se sabe que el hidrógeno es un recurso inagotable, renovable, ecológico y fácil de obtener y usar. Aplicado a los autos, además, salvaría unas cuantas vidas.