El Chiriquí solía ser un río alegre. Por décadas fue el preferido del pueblo hasta que hace unos años todo cambió. Irremediablemente se "enfermó" y su condición fue empeorando. Perdió sus peces, la vitalidad de sus aguas, la vida misma.
Los médicos (más de un ambientalista) no pudieron más y les tocó desahuciarlo. Afortunadamente, después de este desfavorable diagnóstico el Chiriquí sigue allí, en su lecho de muerte batallando por seguir adelante.
A lo que le temen los "galenos" es a que esta "enfermedad" que en la provincia ha contagiado la cuenca de varios ríos, acabe con otros tantos cuando se concreten 48 nuevos proyectos hidroeléctricos que están siendo estudiados y que según dicen, son el "virus" causante de la catástrofe ecológica que hoy viven.
Los ambientalistas en Boquete inician su discurso por aclarar que no están en contra del progreso, pero "bien hecho".
Con ello se refieren a que se busquen las alternativas ecológicas más saludables a la hora de que inicie operaciones alguna hidroeléctrica.
Es eso lo que no se está haciendo, tal como señaló al Panamá América, Gonzalo Miranda. Él es uno de los que aboga porque se preserven las especies de los ríos que se utilizan como materia prima, que se cuide el caudal ecológico y que se vigile a las empresas en lo relativo al tema ambiental antes y después de la obra, para que la triste historia del "moribundo Chiriquí" no se repita.
En el Chiriquí Viejo, por ejemplo, Ezequiel Miranda, presidente de la Asociación para la Conservación de la Biósfera asegura que se están proponiendo nueve proyectos hidroeléctricos y que dos ya han pasado el estudio de impacto ambiental.
"Si esto se llega a realizar podríamos deducir que el Chiriquí Viejo, que permite el desarrollo del turismo ecológico, va a ser seriamente afectado y ese río le da agua a las plantaciones bananeras de Puerto Armuelles".
Pero, la lucha de los Miranda y otros ambientalistas de la región pudiera estar empezando ahora.
Cuando Panamá América visitó hace unos días Boquete, se dijo que 48 nuevos proyectos hidroeléctricos están en proceso.
Una vez en Panamá fue confirmado tanto por la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) como por el Ente Regulador de los Servicios Públicos (ERSP), aunque se aclaró que la cifra incluye a todo el país.
Rafael De Gracia, de la dirección de Electricidad del ERSP, habló de 50 solicitudes en trámite (entre pequeñas y grandes hidroeléctricas), mientras que Diana Velasco, del departamento de Evaluación e Impacto Ambiental de la ANAM, sostiene que no significa que todas estén aprobadas.
Lo que pide es que el caudal natural de los ríos sea tomado en cuenta, porque lo que ocurre comúnmente es que se construyen los muros y no se deja el paso para que las especies acuáticas continúen su travesía. Quiere que sea así porque de otra forma los daños son "irreversibles".
Algunos, como Gladys Candanedo, una humilde lugareña con toda una vida de residir cerca del "río deshauciado" están perdiendo la fe en que se encuentre el punto óptimo entre desarrollo y medioambiente.
Antes vio cómo sus parientes cruzaban el Chiriquí en canoa, sorteando las fuertes corrientes, pero hoy ella sólo tiene que subir la basta de su pantalón y, caso resuelto.
Historia de un río moribundo Advertencias, prohibiciones..
Rafael De Gracia, del ERSP, aseguró que lo que se necesita es la entrada de nuevas empresas hidroeléctricas que generen competencia. Cree además en que se aclaren las reglas del juego a los inversionistas.