Los hondureños conmemorarán las fiestas de Navidad entre la pobreza y la crisis política derivada del golpe de Estado al presidente Manuel Zelaya, el 28 de junio pasado.
Pero la crisis económica que afecta a más del 70 por ciento de los 7,3 millones de hondureños, pareciera no serlo, al menos en los supermercados, bancos, restaurantes y otro tipo de negocios que, en estos días, se ven repletos de clientes.
"La crisis económica nos ha afectado mucho, este año en casa no tendremos regalos de Navidad", dijo a Acan-Efe Saturnino Mejía, un albañil que compraba "solamente dos pollos y pan para la cena de mañana, porque el dinero no ajusta para más", dijo.
"Quisiera poder llevar otras cosas, pero no es posible", se lamentó Mejía, de 38 años, casado y padre de cuatro hijos.
Eva Romero, de compras en un mercado popular capitalino, indicó que la crisis política por el derrocamiento de Zelaya también provocó "miedo", pero que "gracias a Dios todo ha salido bien".
Romero, quien dijo que en su cena habrá cerdo al horno, tamales y torrijas, también expresó su satisfacción porque las elecciones del 29 de noviembre se celebraron sin incidentes, pese a las amenazas de boicot que había hecho el Frente Nacional de Resistencia Popular, que condena el golpe de Estado.
A pesar de la crisis económica, política y social, en las principales ciudades del país son visibles los nacimientos y otros motivos propios de la Navidad, mientras que los comerciantes promueven "ofertas" en enseres eléctricos, muebles, ropa, calzado, perfumes y joyería, entre otros productos.
El secretario general del Frente popular que exige la restitución de Zelaya en la Presidencia, Juan Barahona, considera que este año los hondureños no tienen "nada que celebrar", porque "los golpistas derrocaron al presidente" y que "los únicos que tienen qué celebrar son los ricos".
El presidente de facto, Roberto Micheletti, quien por designación del Parlamento hondureño sucedió a Zelaya el mismo día del golpe de Estado, decretó día asueto mañana para que quienes tienen familiares en el interior del país puedan viajar.
La misma disposición regirá para el 31 de diciembre, según informó a los periodistas el ministro de Gobernación, Oscar Raúl Matute.
En Tegucigalpa los bancos, supermercados y centros comerciales son los más concurridos desde finales de la semana pasada.
Otros hondureños pasarán las fiestas de Navidad y Año Nuevo en el exterior, mientras que muchos que residen en Estados Unidos han venido al país a pasarlas con sus familiares y regresarán en los primeros días de enero.
Gloria Talavera, quien también salía hoy de compras en la capital hondureña, dijo a Acan-Efe que espera que "el otro año sea mejor" tras la crisis política vivida en 2009.
Añadió que en su familia han pasado este año "con miedo" y "con nervios porque no sabíamos qué podía pasar", pero que ahora está contenta porque al final "gracias a Dios, salió todo bien".
A orillas del río Guacerique, en la ciudad gemela de Comayag ela, Tony Araujo espera "la voluntad" de los que quieran donar algo en el llamado "árbol de los pobres", adornado con donaciones.
Araujo, quien trabaja con una empresa que presta servicios de recolección de basura a la Alcaldía de Tegucigalpa, indicó a Acan-Efe que el frondoso "árbol de los pobres" es una iniciativa con otros compañeros de trabajo que iniciaron el año pasado.
Algunos conductores de vehículos donan objetos, dinero y comida a los encargados del "árbol de los pobres".
Este año también se han visto más hondureños pobres con alcancías improvisadas pidiendo sus "pascuas" o aguinaldos en zonas céntricas de la capital, lo mismo que en semáforos y esquinas muy transitadas.
El presidente derrocado pasará la Navidad encerrado en la Embajada de Brasil, adonde llegó el 21 de septiembre pasado, en un nuevo y frustrado intento para que se le restituyera en el poder.