Para evitar que pacientes sigan muriendo a la espera de un hígado o un riñón, es necesario terminar con el tabú de la compensación económica a los donantes en vida, sostuvo el director general del Servicio Público Federal para la Salud en Bélgica, Christiaan Decoster.
Pero la iniciativa de la autoridad sanitaria belga, no supone un cheque en blanco, más bien plantea solventar estrictamente los gastos y las molestias que acompañan a la donación, como la hospitalización, los medicamentos y el tiempo de baja laboral.
¿Recompensa económica a donantes? En agosto pasado, Bélgica tenía registradas 919 personas en espera de un hígado, riñón y pulmón, y a los que habría que sumar los candidatos para tener acceso a un páncreas o un intestino.
Según las autoridades de salud, muchos pacientes belgas morirán a la espera de un transplante debido al bajo índice de donantes con vida, sólo cuatro por cada millón de habitantes.
En el 2008 se registraron 430 transplantes en el país, la mayoría de los órganos provinieron de cadáveres de accidentes viales y como parte de la cooperación transfronteriza creada entre siete países europeos a través de la fundación conocida como Eurotransplant.
Calidad y Seguridad La sensible iniciativa lanzada por las autoridades federales, ha sido recibida con buenos ojos entre la comunidad médica.
"La compensación podría ayudar a superar el obstáculo económico que supone para muchas personas que están dispuestas a hacer un sacrificio", explica, Luc Colenbie,de la unidad de transplantes del Hospital Universitario de Gante.
"En la actualidad, el voluntario no sólo dona un órgano a un hijo, familiar, amigo o conocido, además tienen que cargar con todos los gastos y los problemas económicos que implica deshacerse de un riñón. El Gobierno debería de ayudarlos".
Colenbie, además, está convencido de que permitiría a los sistemas de salud aumentar la calidad y seguridad de los órganos.
Pero la iniciativa también se ha topado con voces opositoras en el interior del Congreso, donde tanto los liberales VLD, como los conservadores democristianos (CD&V), se oponen al pago por un órgano.
Ambas fuerzas políticas advierten que podría crearse un mercado de órganos en el que se verían involucradas, principalmente, personas con dificultades económicas.