El Papa Juan Pablo II invitó a los católicos de todo el mundo para que dediquen la jornada de hoy, Miércoles de Ceniza, a la oración y al ayuno por la paz y contra la guerra en Irak.
La invitación del Papa fue aceptada por protestantes, ortodoxos y anglicanos, quienes oficialmente han adherido a la iniciativa del Papa a través del Consejo Ecuménico de las Iglesias, con sede en Ginebra y la jerarquía de la Iglesia Anglicana.
Cientos de italianos, mucho de ellos militantes de izquierda, han expresado públicamente su apoyo a la iniciativa del Papa, artífice durante las últimas semanas de una serie de importante contactos políticos con todos los actores del conflicto para intentar evitar la guerra.
La adhesión a la batalla “espiritual” del Papa cuenta con el apoyo también de la comunidad judía italiana.
Mientras el pontífice se dirigirá hoy a los peregrinos reunidos para la audiencia general en la Plaza de San Pedro, el enviado del Papa en Estados Unidos, el cardenal Pío Laghi, entregará un mensaje de Juan Pablo II al presidente George W. Bush, en el que le advierte sobre los peligros de una guerra.
Para el embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede, Jim Nicholson, “la misión de Laghi puede ser útil, pero Irak debe ante todo desarmarse”, aseguró en una entrevista a la televisión italiana.
“Las armas del Papa no se cuentan, se pesan”, escribió el diario de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, en un artículo dedicado a la “jornada de la suplica” contra la guerra.
Para el rotativo papal, “si no se tienen los ojos ofuscados por el poder” no se puede dejar de notar “el alcance y el efecto” de “las armas del pontífice”.
La semana pasada, la Casa Blanca subrayó que no se dejará influir por las palabras del Papa, quien puede libremente pregonar por la paz.
En tanto, el ministro británico de Asuntos Exteriores, Jack Straw, y su colega ruso, Igor Ivanov, manifestaron ayer que ambos comparten el objetivo común de desarmar a Irak pero admitieron que existen diferencias sobre la forma de lograr ese objetivo.
El Reino Unido y Rusia “comparten el mismo fin, que es que Irak deponga sus armas de destrucción masiva”, aunque todavía existen “importantes interrogantes sobre cómo conseguirlo”, señaló Straw tras reunirse con Ivanov.
Por su parte, Ivanov indicó que Londres y Moscú coinciden en que debe aplicarse la resolución 1.441 de la ONU, que “demanda la destrucción de armas de destrucción masiva” del régimen iraquí, pero “puede haber diferentes opiniones sobre cómo alcanzar ese objetivo”.
Mientras, el presidente iraquí Saddam Hussein, lejos de elegir el exilio como le aconsejan los monarcas del Golfo, prometió el martes a su pueblo “la victoria” sobre “los agresores”, mientras Irak continuaba la destrucción de decenas de misiles.