LA TUMBA de Yasser Arafat se ha convertido en un lugar de peregrinaje para diplomáticos extranjeros, muchos de los cuales rechazaban al veterano líder palestino antes de que muriera el mes pasado.
El ministro de Relaciones Exteriores de Alemania Joschka Fischer dejó ayer una corona entre las decenas que ya decoraban la tumba en la ciudad cisjordana de Ramala. En días anteriores hicieron lo mismo sus colegas de Gran Bretaña, Rusia, Japón y España.