Una ola de indignación desató ayer el atentado con una "motocicleta-bomba" cometido el domingo presuntamente por las FARC en la ciudad colombiana de Florencia (sur), con saldo de 12 muertos y 56 heridos, el cual se sumó a otro ataque que hace tres semanas mató a ocho personas.
El presidente Alvaro Uribe aseguró que el atentado demuestra que su política de seguridad de mano dura debe avanzar porque "la culebra sigue viva", en alusión a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El mandatario aseguró que defenderá en la ONU "el derecho de los colombianos a la seguridad".
Una motocicleta cargada con cinco kilos del explosivo R-1 fue activada a control remoto en la madrugada del domingo en una zona de bares y restaurantes de Florencia (600 km al sur de Bogotá), causando la muerte a 12 personas, incluidos dos policías y un niño de nueve años, y heridas a otras 56, entre ellas cinco menores de edad.
El atentado en Florencia se produjo casi tres semanas después de que el estallido de un caballo cargado con explosivos mató a ocho campesinos y causó heridas a otros 20 en la andina localidad de Chita, en una acción atribuida a las FARC.