Varias bombas sacudieron discotecas populares de la tradicionalmente tranquila isla turística de Bali, con un saldo de al menos 187 muertos y 309 heridos, muchos de ellos extranjeros. Esto crea presión sobre Indonesia para que atrape a militantes musulmanes.
El presidente estadounidense, George W. Bush condenó los ataques, a los que calificó de “un acto cobarde diseñado para generar terror y caos”, y ofreció ayuda a Yakarta para atrapar a los culpables.
Un día después de los atentados que ocurrieron cerca de la famosa playa Kuta, hospitales abarrotados de gente hacían lo posible para tratar a cientos de heridos, muchos de ellos con quemaduras horrendas provocadas por las explosiones o los incendios.
Mark Donovan, uno de los voluntarios que está colaborando en el hospital para tratar de encontrar a los desaparecidos, dijo que la mayoría de los extranjeros eran australianos. “Pero tenemos gente de Sudáfrica, Holanda, Perú; de todos lados”, agregó.
Australia envió aviones Hércules C-130 hacia Bali para trasladar a los ciudadanos de su país heridos y que puedan sobrevivir el viaje.
La más poderosa de dos explosiones demolió el Club Sari, una discoteca famosa entre los mochileros y surfistas que llegan a Kuta desde todas partes del mundo, especialmente desde Australia.
En tanto, el presidente Bush, condenó el atentado, al que calificó de “atroz”, mientras el Departamento de Estado evalúa reducir su presencia diplomática en Indonesia.
El embajador de EU en ese país asiático dijo que, aunque todavía nadie se adjudicó la responsabilidad del atentado, los primeros indicios apuntaban a la red Al Qaeda.
Luego de este atentado, EU está considerando reducir su presencia diplomática y el departamento de Estado instó a los ciudadanos a reconsiderar su presencia en ese país.
Indonesia se estremece tras sangriento atentado
Diversos gobiernos del mundo entero condenaron enérgicamente el ataque y pidieron una mayor movilización contra el terrorismo internacional.