Las hostilidades, discretas hasta ahora, que mantenían la justicia conservadora iraní y el ministerio de Información del país, apoyado por el gobierno, salieron a la luz ayer después de que dos miembros de los servicios de espionaje fueran inculpados por el asesinato de la periodista irano-canadiense, Zahra Kazemi.
"Lo que sucedió (el lunes) no se corresponde con la realidad", declaró el portavoz del gobierno, Abdolá Ramezanzadeh, cuestionando implícitamente la validez de la investigación judicial.
Zahra Kazemi, detenida cuando tomaba fotos de familiares de detenidos delante la principal prisión de Teherán, murió el 10 de julio, 13 días después de su hospitalización, como consecuencia de una hemorragia cerebral consecutiva a una fractura del cráneo.