Rowan Williams, un liberal que apoya la ordenación de homosexuales y censura la postura británica sobre Irak, fue investido ayer arzobispo de Canterbury, entre música de tambores africanos, tañido de campanas y mucha pompa.
A la investidura del líder religioso de 70 millones de anglicanos, en la Catedral de Canterbury, asistieron el primer ministro británico, Tony Blair, el Príncipe de Gales, Carlos de Inglaterra, y numerosos líderes religiosos llegados de todo el mundo.
Mientras, en el exterior, dos grupos de manifestantes coreaban lemas en contra de la guerra en Irak y también contra las ideas liberales del nuevo primado de la Iglesia anglicana, con carteles que exigían “la verdadera autoridad” de la Biblia.
En su primer sermón tras ser investido formalmente jefe de la Iglesia anglicana, Williams pidió tolerancia.
“Una vez que nosotros comprendemos el gran secreto de Dios, que todos somos sus hijos e hijas, debemos entender que todos somos diferentes”, dijo en su discurso.
El acto estuvo caracterizada por el alegre colorido de las túnicas y togas que llevaban los invitados de las distintas religiones, además de por la solemnidad habitual en este tipo de ceremonias.
De 52 años, casado y padre de dos hijos, Rowan Williams procede de una modesta familia y ha sido arzobispo de Gales desde 2000. Pretende acercarse más a la Iglesia Católica.