Los iraquíes ven salir las tropas de combate de Estados Unidos en medio de un país todavía sumido en la violencia, sin que los principales partidos se pongan de acuerdo para formar un Gobierno.
Así la Casa Blanca da por terminada una guerra que empezó en 2003, con el entonces presidente George W. Bush, y que deja por delante un panorama lleno de incertidumbre y marcado por la presencia de la red al-Qaeda.
Atrás queda la muerte en la horca de Saddam Hussein, el escándalo de las torturas en la cárcel de Abu Grahib o la sangrienta batalla de Faluya en 2004.
Como tarea pendiente, está por resolver los complicados conflictos sectarios despertados después de la invasión.
Pero el problema más inmediato en el panorama político iraquí es que tras las elecciones del 7 de marzo, la fuerza más votada no ha conseguido los aliados necesarios para formar un gabinete.
El corresponsal de la BBC, Hug Sykes, explica que en la actualidad "no existe un Gobierno propiamente". "Hay un Gobierno de transición. Las fuerzas armadas se rigen por ellas mismas".
Fuerzas.
En las elecciones del 7 de marzo, Al Iraqiya ganó 91 de los 325 escaños, Estado de Derecho obtuvo 89, la Alianza Nacional Iraquí (ANI) se hizo con 70, y Sadr 40, entre otras. Todavía no se han puesto de acuerdo para formar un Gobierno.
Al Iraqiya (sunita), del ex primer ministro Ayad Alaui, anunció el pasado jueves su intención de buscar una solución para poder formar Gobierno con el bloque leal al clérigo chiita Muqtada al Sadr, fuerte opositor al Gobierno de Estados Unidos.
A principios de semana, Al Iraqiya suspendió las conversaciones con la formación que resultó segunda.
De momento, lo único evidente es que Irak llega a la "posguerra" sin Gobierno. Formarlo es el inevitable primer paso para comenzar a gestionar un país que deja atrás una guerra y parece lejos de vivir en paz.
Guerra.
La principal justificación para esta operación que ofrecieron el Presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, y sus aliados en la coalición fue la afirmación de que Irak poseía y estaba desarrollando armas de destrucción masiva (ADM), violando un convenio de 1991 y que planteaba una inminente amenaza.
Cuando Bush invadió este país ya venía con graves problemas de arrastre, su invasión a Kuwait el 2 de agosto de 1990 y la guerra con Irán en 1991. Su posición no era la mejor para enfrentar una invasión.
Reacciones.
Pese a que el primer ministro iraquí Nuri al Maliki reconoció ayer que con la salida de las tropas, Irak quedaba independiente y como un igual a Estados Unidos, la influencia estadounidense era evidente.
Las diversas reuniones que realizó el vicepresidente estadounidense, Joe Biden, encargado de la transición, con líderes políticos para que rompieran el estancamiento que ha impedido formar un nuevo Gobierno.
En la misma dirección, fue el mensaje de al Maliki, quien calificó al 31 de agosto como un “día inmortal'', y pidió a sus rivales políticos “unir fuerzas para combatir el terrorismo'' como una prioridad ante la partida total del ejército estadounidense en el 2011, según un acuerdo de seguridad entre ambos países.