Fuerzas de seguridad iraquíes aliadas con miembros de tribus combatieron contra extremistas vinculados con Al Qaeda que, en una ofensiva coordinada, actuaban a sus anchas en dos de las principales ciudades suníes.
Los rebeldes armados atacaron estaciones de policía y se desplazaban libremente por las calles, envalentonados por el aumento de las tensiones sectarias entre la minoría suní y el gobierno encabezado por los chiíes.
Los soldados iraquíes dispararon contra los extremistas cohetes Hellfire enviados por EE.UU.