Italia despidió a las casi 300 víctimas que dejó el sismo que azotó el centro del país el pasado lunes, con un emotivo y solemne funeral de Estado presidido por el secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, ante 205 féretros.
Con este funeral, en el que se pudieron escuchar las palabras del papa Benedicto XVI, se dijo adiós oficialmente a las, por ahora, 289 víctimas de una tragedia que ha consternado a la comunidad internacional y que aún no ha concluido, pues los temblores siguen azotando el centro de Italia mientras se busca a unos 20 desaparecidos.
En el funeral de Estado, que coincidió con el Viernes Santo y en el que estuvieron expuestos los ataúdes de cinco niños, se pudo comprobar por primera vez la magnitud de la tragedia humana más allá de las imágenes de destrucción que se han visto en los últimos días.
Mensaje papal.
“En estas dramáticas horas en las que la descomunal tragedia se ha cebado sobre esta tierra, me siento espiritualmente presente entre vosotros para compartir vuestra angustia, implorar a Dios el reposo eterno por las víctimas, la rápida recuperación de los heridos y la fuerza para continuar y no caer en el desaliento”, dijo el Papa en un mensaje leído por su secretario, Georg Ganswein.
Benedicto XVI subrayó que la violencia del sismo ha causado situaciones de gran dificultad, pero que ha notado cómo desde el primer momento se levantó una “creciente ola de solidaridad entre las personas, gracias a la cual se organizaron los primeros auxilios, con la mirada puesta en una acción siempre más incisiva del Estado, instituciones eclesiales y privadas”.
“Este es el momento del compromiso, en sintonía con los organismos del Estado, que están trabajando. Sólo la solidaridad puede permitir superar pruebas tan dolorosas”, aseguró el Papa, que pidió a Dios que “seque cada una de las lágrimas y restañe las heridas”.
Dolor.
Los llantos, siempre muy contenidos y que dieron muestra de una gran dignidad, fueron la nota predominante en un funeral con el que se pretende poner fin a una tragedia en la que también se han visto afectadas unas 29,000 personas, que deben ahora afrontar el futuro con sus casas gravemente dañadas y, en muchos casos, derruidas.
Las escenas de dolor se repitieron en la Plaza de Armas de la Escuela de la Guardia de Finanzas que asemejaba un cementerio por los más de 200 féretros allí dispuestos el más pequeño el de un niño de sólo cuatro meses.
Cada uno de los ataúdes, numerados, estaban cubiertos por un ramo de flores, y cinco pequeños féretros fueron colocados junto a los de sus progenitores en un acto en el que se produjo algún desvanecimiento.
Investigación.
La Fiscalía de L’Aquila abrió una investigación por “desastre culposo” y ha pedido al ayuntamiento de esta ciudad, todos los proyectos de construcción de casas en la localidad en los últimos años, informó el alcalde, Massimo Cialente.