La Iglesia Católica y la izquierda mexicanas presentaron hoy ante la Fiscalía del Distrito Federal (PGJDF) una demanda penal contra "quienes resulten responsables" de la irrupción en la Catedral capitalina, así como de los daños materiales que causaron, informó hoy a Efe una fuente oficial.
Armando Martínez, presidente del Colegio de Abogados Católicos de México (CACM), explicó que esta denuncia se presentó de manera conjunta y que por parte del izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD) asistió su secretario general, Guadalupe Acosta.
Dijo que esto representa un primer paso para solucionar una disputa entre ambos sectores, que obligó a la Archidiócesis a cerrar desde el domingo pasado y de manera indefinida las puertas del principal templo del país.
"Confiamos en que esta denuncia procederá contra los presuntos responsables, pues además de que existen fotos públicas las propias autoridades capitalinas reconocen que algunos de ellos han sido identificados", expresó Martínez.
Consideró positiva la disposición de la izquierda mexicana para sumarse a esta demanda al reconocer que hubo un error de organización.
La Catedral permanece resguardada por decenas de uniformados después de que el domingo a mediodía un grupo de seguidores del líder político izquierdista Andrés Manuel López Obrador, del PRD, irrumpió en el recinto a gritos y con violencia.
Los manifestantes, que asistían a un mitin de López Obrador en la plaza principal de la capital, en la que se encuentra también la catedral, reaccionaron molestos al repiqueteo de campanas en momentos en que se celebraba el mitin izquierdista y que interpretaron como una provocación.
Martínez aclaró que aunque se avanza de manera positiva en el diálogo con los representantes del partido izquierdista, "el cierre indefinido de la catedral se mantendrá" hasta que las autoridades capitalinas cumplan su promesa de garantizar la seguridad del templo.
El alcalde de la Ciudad de México, Marcelo Ebrad, se comprometió a instalar un circuito cerrado de televisión con 30 cámaras dentro y fuera del templo, parecido al que ya existe en la Basílica de Guadalupe, además de garantizar la seguridad a través de decenas de uniformados en el lugar.
Desde 1926 no se producía la clausura de la catedral capitalina. Esa ocasión desencadenó la sangrienta Guerra Cristera (1926-1929), que enfrentó a fuerzas federales con grupos armados de la Iglesia, cuando gobernaba el país el presidente Plutarco Elías Calles.