Japón completó con éxito su primer intento de interceptar un misil balístico sobre el Océano Pacífico, un paso clave en la construcción del escudo antimisiles que Tokio prepara desde hace años para protegerse de la amenaza norcoreana.
La prueba fue una demostración de la capacidad tecnológica de Japón en el ámbito militar, además de uno de los más visibles frutos de la colaboración bilateral entre Tokio y Washington en materia de defensa.
El simulacro combinó el uso del sistema de detección de misiles Aegis, el último desarrollo de Estados Unidos en este campo, y del novedoso interceptor de misiles Standard Missile 3 (SM-3), sólo probado por Estados Unidos.
Según los expertos, esta maniobra nipona podría acarrear una serie de reacciones negativas de los países de la zona, ya que evidencia que el equilibrio de fuerzas en la región ha variado.