Seis décadas después, Katarzyna Adamek recuerda los gritos dentro de los trenes que llegaban a Belzec, un ignorado campo de concentración nazi, donde se colocó ayer un monumento para rendir homenaje al medio millón de judíos que allí murieron.
El campo de concentración fue creado en febrero de 1942 para exterminar a las comunidades judías del sureste de Polonia, y fue el primer lugar donde los nazis colocaron cámaras de gas para matar de forma masiva.
Adamek, una polaca de 84 años que vivió en Belzec durante la guerra, lloró mientras observaba la inauguración del monumento por líderes judíos y funcionarios polacos.
"Recuerdo cuando llegaban (los otros prisioneros) en los trenes. Veía el tren y escuchaba los gritos de la gente en su interior. Estaban tratando de saltar hacia afuera porque sabían lo que iba a ocurrir", dijo Adamek.
En diciembre de 1942, cuando los nazis decidieron que habían conseguido su objetivo, dejaron de matar y comenzaron a destruir evidencias, exhumando y quemando cuerpos. No dejaron en pie ni un sólo edificio en el lugar.
Las cenizas de cuerpos y huesos humanos permanecieron en el terreno durante décadas.