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La CIA saca del clóset informe sobre torturas

Los métodos de interrogatorio en la era Bush han quedado al descubierto: simulacros de muerte, amenazas e intimidación psicológica. Ahora falta saber si alguien pagará por ello.


El preso está desnudo. Sólo lleva una capucha. Se le retiene sentado, esposado de manos y pies. Lleva horas en la celda. Sin ver. Sin saber lo que pasa a su alrededor.

El interrogador de la CIA entra, sigiloso, con una pistola. Abre el tambor y lo gira varias veces junto al oído del detenido, para que sepa que hay un arma de por medio. Le pide información. El preso sigue callado.

El agente sale, y entra con un taladro eléctrico. Otros interrogadores han puesto al preso de pie, esta vez en medio de la celda.

 

El interrogador enchufa el taladro y juega con él, acercándolo al oído del preso, le advierte de que le puede taladrar una pierna y de lo mucho que duele.

La desorientación es total. Las celdas están iluminadas las 24 horas del día. La temperatura ambiente, manipulada, para hacer que los presos pasen calor o frío. Se les desnuda. Se les encapucha. Se les ducha con agua fría.

En las duchas, entran agentes que les friegan el cuerpo con los mismos cepillos que se usan para limpiar suelos. Se les obliga a arrodillarse y, una vez están de rodillas en el suelo, se les empuja para que caigan con todo su peso sobre su espalda. Se les enfunda en pañales. Se les ridiculiza y desorienta. Se les restriega por los suelos. Se les humilla. No son nadie. No tienen derechos. Nadie sabe que están allí, en un lugar secreto, por razones que no se les revelan. Y lo peor, el dolor físico está por llegar.

 

Es solo una pequeña muestra de cómo torturó la CIA. Lo ha revelado un informe elaborado por el Inspector General de la agencia en 2004, en el que se detalla cuenta de una serie de métodos inhumanos para sacar información.

Reacciones.
La publicación del reporte de 2004 y el anuncio del procurador general de EE.UU., Eric Holder, de que nombrará a un procurador especial para investigar los abusos de la CIA, es un fascinante juego de ajedrez.

Primero, durante el fin de semana pasado, comenzaron a aparecer filtraciones del reporte del inspector general, notablemente, el Newsweek y el New York Times, convirtieron la filtración en la principal historia de sus ediciones del domingo. Fue aquí donde apareció la información sobre las ejecuciones fingidas.

 

Filtraciones.
¿Los posibles sospechosos para una filtración de este tipo? Tal vez en la Casa Blanca, a lo mejor en el Departamento de Justicia, quizás en otra parte pero, seguramente, alguien que no es leal a la CIA.

Y así, al día siguiente, la agencia (se presume) dio a conocer una filtración propia, a ABC News, anunciando que el director de la CIA Leon Panetta estaba a punto de renunciar a causa de la publicación del reporte (y de la investigación a las prácticas de interrogatorios de la CIA en 2003-2004 que detonó la publicación del reporte). La fuente de esta historia incluyó además el sabroso bocado de un “concurso de gritar improperios” en la Casa Blanca.

Holder había tenido un mandato tranquilo hasta ahora mientras que Panetta ya ha dado un par de pasos públicos interesantes, como durante su enfrentamiento de alto perfil con la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, para asegurarles a los hombres y mujeres de Langley que estaba de su lado, a pesar de su historia liberal. Sin duda la filtración en parte tiene la intención de hacer lo mismo.

 

Situación engañosa.
Uno debe preguntar, sin embargo, sobre qué estaban peleando exactamente. Si los funcionarios de la CIA serán o no investigados es importante para ellos por razones obvias, ¿pero es igualmente importante para nosotros?

El alcance de la investigación que anunció Holder es muy corto. Su oficina no investigará las acciones de los abogados de la indagación Bush que aprobaron las técnicas, sino sólo a los operativos que presuntamente las utilizaron.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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