La corrupción se ha situado en el centro de la agenda en Venezuela, tras una semana de acusaciones por parte del chavismo y la oposición, en las que se han mezclado insultos y descalificaciones sexistas cuando el país ya se enfila hacia las elecciones municipales de diciembre.
La lucha contra ese flagelo volvió a cobrar protagonismo, después de que el presidente Nicolás Maduro intensificara esta semana sus llamados a combatir el problema al anunciar que pedirá poderes especiales al Parlamento y declarará una “emergencia nacional” para enfrentarlo.
El líder opositor, Henrique Capriles, aseguró que Maduro solo conseguirá esos poderes “vía corrupción” puesto que el oficialismo cuenta con 98 diputados en la Asamblea Nacional, uno menos de los necesarios para autorizar una denominada “ley habilitante” que permitiera al presidente legislar sin control parlamentario.
Tal como había hecho a inicios de su gobierno, cuando anunció la creación de un “organismo secreto” para combatir la corrupción, Maduro volvió a poner en el centro de su gestión un problema que planteó como clave para la supervivencia de la Revolución Bolivariana.
Reto
Maduro retó a la oposición a que rebata “una por una” y en cadena obligatoria de emisoras estatales y privadas de radio y televisión las denuncias de corrupción que pesan en su contra.
El mandatario sostuvo que los dirigentes de la oposición “están muy desesperados porque los agarramos con las manos en la masa y de esta no se salvan”.