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La difícil integración de los jóvenes pandilleros

De las distintas pandillas armadas, las más temibles son la "M-18" y la "Mara Salvatrucha".


EL PROBLEMA de las pandillas armadas en Honduras, conocidas como "maras" puede tener una solución a medio y largo plazo, pero para ello es necesario que, del mismo modo que a los pandilleros hay que borrarles los tatuajes que llevan en su cuerpo, también desaparezca el estigma de la sociedad hacia ellos.
Esa opinión la comparten diversos sectores sociales de Honduras, país centroamericano donde las "maras" comenzaron a operar a finales de los 80, hasta convertirse muchos de ellos en grupos muy temidos.
Aunque no hay cifras oficiales de cuántos pandilleros operan en las principales ciudades del país, algunos sectores que trabajan con "maras" para reintegrarlos a la sociedad, calculan que a nivel nacional podrían haber unos 12,000. De las distintas pandillas armadas, las más temibles son la "M-18" y la "Mara Salvatrucha".
Entre ambas también ha existido una dura rivalidad por el dominio de sus territorios y un odio a muerte que ha costado la vida de muchos de sus miembros.
No obstante, un ejemplo de que los hombres pueden imponer la razón a la fuerza bruta, lo constituye un grupo de ex pandilleros de la "M-18" y "M-S", que no sólo se han reconciliado, sino que además comparten un oficio con el cual se ganan la vida.
El recurso que ha hecho posible esta reconciliación la integran organizaciones de desarrollo no gubernamentales y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
La experiencia la viven unos 60 jóvenes que en el último año decidieron renunciar a las pandillas, tras el sufrimiento que les causó esa forma de vida, que de hecho no ha sido eso, ya que la delincuencia les llevó a un sitio común: la cárcel.
Los ex pandilleros guardan prisión en la Granja Penal de Comayagua, región central de Honduras, al norte de Tegucigalpa.
Con la cooperación de varias ONG y el PNUD, los pandilleros, conocidos como "mareros", decidieron hace un año renunciar a las pandillas y quitarse los tatuajes de su cuerpo.
Algunos ya comenzaron a borrarse los tatuajes, tarea difícil por los daños físicos y emocionales que les causa.
En la Granja Penal de Comayagua, la iniciativa que respalda el PNUD se centra en dos talleres, uno de panadería y otro de estructuras metálicas, lo que le permite a los pandilleros ganar quincenalmente un estipendio.
El proyecto, consiste en fortalecer la capacidad del Gobierno en el tema de registro, control y destrucción de armas, y en sistematizar la información estadística.
Algunos ya comenzaron a borrarse los tatuajes de su cuerpo, una tarea difícil por los daños tanto físicos, como emocionales que les causa a los jóvenes .
De los 60 que han renunciado a las maras, algunos ya están sentenciados, mientras que otros esperan el fallo de los tribunales por delitos múltiples.


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178808
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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