El ají, ingrediente estrella de la comida peruana, conocido en otras latitudes como chile o pimiento, ya comienza a escasear ante su imparable demanda, y pone así en peligro el tan proclamado ‘boom’ gastronómico del país.
Se calcula que hay más de 150 variedades de este fruto, y por ello no sorprende que sea de lo más versátil en sus usos, y se haya vuelto en omnipresente en toda cocina peruana.
El ají puede usarse para endulzar o hacer picantes las recetas, pero también tiene la virtud de ser un "ingrediente" para medicamentos analgésicos.
El secreto de sus funciones terapéuticas y culinarias está en la capsaicina, un compuesto químico que le confiere ese sabor picante y también la capacidad de insensibilizar zonas doloridas.
Pero en este momento el ají, o mejor dicho su falta, puede hipotecar el crecimiento de la gastronomía peruana.
Los agricultores no dan abasto -o no quieren- cultivar ají y las 17,000 toneladas recolectadas el año pasado fueron insuficientes.
Este aderezo se lo rifan diariamente más de 260,000 restaurantes peruanos, los establecimientos en el extranjero o los propios ciudadanos peruanos.