El aumento de los precios del combustible ha reducido los legendarios atascos de la habitualmente congestionada capital de Filipinas, aunque a cambio, la deficiente red de transporte público se encuentra al borde del colapso.
Después de que el litro de gasolina sin plomo se haya situado 1.34 dólares, en una urbe donde el salario medio mensual es apenas menos de 440 dólares, muchos manileños ya no pueden permitirse acudir en coche al trabajo.
El Metro de Manila, sólo dispone de dos vías de subterráneo y un caótico sistema de autobuses.