El hombre de talento puede reconocerse por su extravagante locura. Parece ser un mito bien acreditado, ya que Demócrito, “El filósofo risueño”, se quitó la vista para poder pensar con mayor lucidez y crear la teoría sobre la estructura del átomo.
Fue tachado de loco. En el cerebro de Albert Einstein había anomalías estructurales en el lóbulo izquierdo que podrían estar relacionadas con la genialidad del creador de la teoría de la relatividad. El poeta Antonin Artaud, que sufría trastorno bipolar, dirigió el laboratorio de experimentación de los surrealistas, empeñados en desentrañar y aprovechar al máximo los mecanismos del cerebro y de la locura -Dalí y su método paranoico-crítico es uno de sus exponentes-. Son bien conocidos los trastornos mentales del genial pintor Vicent Van Gogh, del matemático John Nash -que inspiró la película Una mente maravillosa- y del compositor Robert Schumann.
Son muchos los ejemplos de genios cuyo cerebro muestra características diferentes al resto de los mortales, y que incluso han tocado la locura.
Así pues, ¿dónde está la frontera entre genialidad y enfermedad? A esta pregunta intentaron dar respuesta, un equipo de investigadores del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Semmelweis en Budapest (Hungría), quienes lograron observar que las personas que tienen ciertas alteraciones genéticas son más creativas que el resto. Pero la otra cara de la moneda es que ésta también se relaciona con algunos trastornos psicóticos.
Factores que influyen.
Para la psicóloga clínica Gerladine Emiliani, no todo genio es un loco, ya que depende de varios factores como un ambiente familiar satisfactorio, su aceptación en un ambiente escolar que responda a sus necesidades de genialidad sin discriminación alguna y que esté cónsono con su inteligencia.
Sin embargo, Emiliani coincide con la hipótesis científica que indica que una mutación genética puede influir en la genialidad o la locura.
Análisis genético.
Hasta ahora ningún estudio científico había estudiado los genes y la creatividad en la población general, pero Kéri Szaboles, de esta universidad húngara, ha puesto remedio a esta falta de datos.
a investigadora, que publica su trabajo en la revista 'Psychological Science', analizó a 200 participantes que consideraban que eran especialmente creativos y no padecían ningún trastorno neuropsiquiátrico y los comparó con otros 128 individuos que no pensaban que tuvieran ese talento. Todos ellos realizaron el Cuestionario de Logros Creativos, una herramienta que se utiliza en la vida real para valorar las capacidades de cada sujeto.
El estudio se centró en un gen del cerebro, denominado neuregulin 1, que estudios previos habían relacionado con un aumento del riesgo de desarrollar esquizofrenia y psicosis así como con una peor memoria y una sensibilidad a las críticas más alta de lo normal. En concreto, es una mutación en este gen la que se vincula con los trastornos.
La investigadora observó que aquellos participantes que presentaban ambas copias conseguían la puntuación más alta en el test de creatividad, seguidos por aquellos que tenían sólo una y, por último, por quienes no presentaban la mutación. A la vista de sus resultados, Szaboles señala que este gen parece tener un impacto significativo en la creatividad.
No obstante, indica que "es importante tener en cuenta que las mayores expresiones creativas se encontraron en individuos con un cociente intelectual muy elevado.