La tensa calma que se vivía ayer en La Paz después de la violenta jornada del lunes contrastaba con la proliferación de protestas y amagos de enfrentamientos en otras zonas de Bolivia, un país que está sumido en un conflicto social que ha causado una cincuentena de muertos desde septiembre.
La Paz, sede del Gobierno, presentó ayer una tranquilidad tan insólita como irreal, gracias a la decisión tomada el lunes por el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada de enviar tanquetas y efectivos militares a diferentes zonas de la ciudad.
El mayor despliegue de tropas, que operan de forma combinada con efectivos antidisturbios de la Policía Nacional, se produjo en la Plaza Murillo, donde se encuentra el Palacio de Gobierno, y las calles que la unen con la vía troncal y la entrada desde la vecina ciudad de El Alto.
El comandante de las Fuerzas Armadas de Bolivia, general Roberto Claros, aseguró ayer que la institución no respalda al presidente Gonzalo Sánchez de “como persona” sino “un gobierno legítimamente constituido” de acuerdo a la Carta Magna.
La ONU, Estados Unidos, la Unión Europea, la OEA y varios países latinoamericanos reclamaron ayer que los bolivianos respeten su democracia, acosada por manifestaciones que piden la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada y que han provocado 70 muertos en casi un mes.
En Nueva York, el secretario general de la ONU, Kofi Annan pidió “al gobierno de Bolivia y a la oposición que actúen con la mayor contención en este momento tan peligroso”.