EN EL "día perfecto -7-7-07- " se hizo público la lista de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo. Casi 100 millones de personas las eligieron por teléfono fijo, móvil y, sobre todo, internet.
¡Sorpresa! El mundo votó por la Gran Muralla China, el monumento de Petra en Jordania, el Cristo Redentor (Brasil), por Machu Picchu (Perú), las pirámides de Chichén Itzá (México), el Coliseo en Roma y el Taj Mahal, en la India, son las Nuevas Maravillas Modernas.
En otras palabras, América dio al planeta tres de las Nuevas Siete Maravillas.
Sin lugar a dudas, el evento acaparó la atención mundial, ya que se hicieron presentes varias personalidades internacionales de la música, el cine o el deporte, pero hay que destacar la figura del creador de un magno evento que hoy es considerado la mayor encuesta jamás realizada en el mundo. Este personaje es el aventurero suizo Bernard Weber.
Weber, quien también es aviador y productor de documentales exóticos, rivalizó con las transmisiones de los Juegos Olímpicos, las más vistas por la humanidad, y congregó en Lisboa una pequeña ONU de delegados oficiales e inéditos hinchas de monumentos.
Su objetivo oficial de defender el patrimonio universal e interesar a las masas por la cultura, lcon as Nuevas Siete Maravillas se convirtió en un gran negocio con los derechos de emisión de cerca de 170 cadenas que televisaron la ceremonia a una audiencia de 1,600 millones de personas.
También es gestor del museo "total" de Le Corbusier que por encargo de su madre, Heidi Weber, levantó en Zurich en 1967 el famoso arquitecto y pintor suizo- Weber ha expuesto en muchos viajes de promoción su filosofía de que el dinero no está reñido con la cultura.
La Fundación que creó para ejecutar su proyecto de elegir las Siete Maravillas actuales para sustituir a las del mundo antiguo, dedicará el 50 por ciento de los ingresos televisivos a reconstruir las estatuas gigantes de los Budas de Bamiyan, en Afganistán, destruidas por los talibanes hace seis años.
Weber no descuidó ningún detalle, porque el espectáculo de la proclamación fue concebido como una gala de los Oscar de Hollywood, con los actores Hilary Swank y Ben Kingsley y el cotizado futbolista Cristiano Ronaldo de maestros de ceremonias.
Este espectáculo no fue la única fuente de ingresos del proyecto, cuya página en Internet es ya de las más visitadas del mundo y vende varios tipos de recuerdos maravillosos, como certificados de voto a dos dólares, insignias o medallas de los monumentos y estuches para guardarlas, algunas en ediciones limitadas de 777 o 7777 ejemplares.
Además, sin la ayuda de la globalidad que permite la red de redes Weber no hubiera podido dar a su idea uno de sus principales atributos, el de primera votación universal de la historia, que alcanzó los 100 millones de sufragios.
Aunque no contó con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la Fundación de Weber logró movilizar además los sentimientos nacionales y el orgullo por la belleza que despiertan concursos como el Miss Universo en muchos países.
La pasión por defender la hermosura de las piedras propias frente a las ajenas movilizó millones de votos en América Latina, según las estadísticas, escasas, distribuidas por la organización.
Con esa exitosa mezcla de ideas el estudiante suizo de cine que trabajó como asistente de Federico Fellini, ha logrado emular en las aguas mediáticas la proeza suiza del Alinghi en la Copa del América y empequeñecer a los poetas griegos que cantaron, 2.200 años antes de la era Internet, las viejas maravillas del mundo.
BERNARD WEBER, Promotor de las nuevas siete maravillas del mundo, habló con elpaís.com.
Bernard Weber (Ginebra, 1952) aparece en el hall del Ritz hecho un pincel, con un traje crudo digno de Tom Wolfe y el porte del duque de Luxemburgo: espigado, con ojos pequeños y vivos. Es el hombre tras la famosa elección de las nuevas siete maravillas del mundo. En la solapa luce un pin promocionando su fundación: New 7 Wonders (www.new7wonders.com). Cree a pie juntillas en su proyecto, "la primera votación global de la historia".
Weber a sus 55 años, escala, hace senderismo, pilota aviones y, en el último año, visitó los 21 países candidatos a maravillas del mundo.
De todo lo que se ha dicho de él, lo que más le duele es que se le trate de millonario.
Weber quiere poner los puntos sobre las íes. Antes de que le pregunten, dispara: "Lo fácil es decir que soy un millonario loco. Pero yo no creo en acumular. El dinero es como el petróleo: sirve para hacer que sucedan cosas fantásticas, no para guardarlo".
Pregunta. ¿Se puede permitir vivir cómodamente sin tener que trabajar?
Respuesta. Sí. Pero si mi objetivo fuera hacerme millonario no estaría dedicándome a esto.
P. Empecemos por el principio. ¿Dónde creció?
R. Mis padres se separaron cuando era niño y me crió mi abuela. Vivíamos en una casa sin agua corriente ni calefacción y el baño estaba fuera, en la calle. Una naranja, para mí, era un regalo de Navidad. El dilema de los niños de hoy en día consiste en elegir entre varias opciones. Nosotros no teníamos elecciones, sino deseos. Y los deseos inspiran, despiertan la curiosidad.
P. Su iniciativa para elegir las nuevas siete maravillas del mundo ha recibido millones de votos. ¿Sorprendido por el éxito?
R. No. Sabía que si la idea funcionaba, este proyecto absorbería mi vida. Y así ha sido. Pero eso me mantiene en forma. He conocido a muchísima gente. No puedo pedir más.
P. ¿Qué le diría a quien opina que su propuesta es una excentricidad?
R. Que mi proyecto es una aventura, no un capricho. Implica mucho tiempo, sacrificio y energía.
P. En el último año ha visitado 21 países. Ha dado, prácticamente, la vuelta al mundo.
R. Ha sido maravilloso. Y me gustaría que quedara claro que, aunque mis gastos estaban cubiertos, no he cobrado nada.
P. ¿Qué espera conseguir?
R. Por primera vez en la historia del hombre estamos creando una memoria global. Se eligieron siete lugares que todo el mundo recordará. Y espero que se conviertan en símbolos de la unidad global y de la diversidad cultural.
P. Quiere mandar al espacio una maqueta en tres dimensiones de las siete maravillas que salgan elegidas.
R. ¿Cree que los romanos pensaron alguna vez que alguien encontraría sus monumentos bajo tierra? Puede que dentro de 2.000 años vengan seres de otros planetas y encuentren este CD que les cuente la historia de la Tierra.
P. ¿Y cómo se le ocurrió la idea?
R. Yo no la tuve. Estaba ahí para quien quisiera verla.
Aventurero y apasionado "ciudadano global".
Las Maravillas de Weber
El culto al 7, número mágico asociado a la suerte y a la creación, fue una constante en el Primer Concurso Universal para proclamar los 7 monumentos más apreciados por la humanidad.