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Las víctimas más indefensas de la crisis argentina


Los pies semidesnudos de la mujer de trenza azabache caminan sobre el barro al compás del gemido del niño que carga en brazos. Con pudor y angustia muestra las profundas cuencas de los ojos, el vientre hundido y las úlceras que cubren la piel de Mauro, quien desde que nació hace cuatro meses casi no ha subido de peso. La historia de María Vildoza a nadie asombra en la localidad de Villa Quinteros, 1,300 kilómetros al noroeste de la capital argentina.
Los niños desnutridos son allí moneda corriente, víctimas naturales de un pueblo hundido en la miseria tras el cierre de su única fuente de trabajo -un ingenio de azúcar- y de la crisis que azota a un país cuyos campos, paradójicamente, rebosan de trigo, cereales y ganado.
Tienen diarrea y vómitos y no tengo para darles leche... toman mate cocido nomás", dice Vildoza a AP entre lágrimas mientras Mauro sigue llorando y sus otros tres hijos, que no superan los cuatro años de edad, le tiran los gastados pantalones. A dos cuadras de allí, María Esther Andrade ve pasar la vida desde la puerta de su rancho de ladrillo, barro y chapa donde cría dos hijos, tres nietos y una sobrina.
Los Andrade comen salteado porque a veces no tengo qué darles, sólo mate cocido", explica María Esther. El mate cocido es un té local. Entre sus pequeños se destaca Carlos, que con 12 años pesa apenas 53 libras, la media de un niño de seis años.
Pateando varias veces la tierra con los jirones de sus zapatillas negras da a entender que no tiene ganas de hablar. Es entonces cuando su hermano Gustavo, de nueve años, toma la palabra: Hay veces que no tenemos para comer... hoy no comí nada y ayer comí polenta al mediodía, nada más". Tucumán no es la provincia más pobre de Argentina, pero es escenario de un aciago fenómeno, el crecimiento geométrico de la desnutrición infantil.
Según datos oficiales, en tres meses la desnutrición aumentó un 10%. Pero organizaciones no gubernamentales de la zona dicen que la realidad es mucho peor: de 32 chicos asistidos por desnutrición en diciembre en Villa Quinteros se pasó a 204 casos en mayo. Sin embargo en algo coinciden, la gravedad del estado de los niños es cada vez mayor y las guardias pediátricas no dan a vasto.
Hay un fuerte aumento en los casos de desnutrición de grado 3, que es el último y peor grado... Estamos teniendo una mayor cantidad de agudos (niños sin historial de desnutrición que comienzan a desarrollar la enfermedad) y de casos graves", dice a AP Sergio Varas, director regional del Sistema Provincial de Salud. Las madres te explican que no tienen para darles de comer", agrega.
Para el pediatra Alejandro O"Donnell, director del Centro de Estudios para la Nutrición Infantil, todo lo que pasa en los primeros tres años deja un sello definitivo en la vida del niño". Es por ello que pequeños como Talía Manrique, que en marzo pesaba menos de seis kilos a los 18 meses, tienen su destino coartado. El grado 3 provoca serios retrasos en la maduración mental, problemas en el habla, dificultades en el aprendizaje, subdesarrollo óseo y muscular y asegura un tamaño y peso inferior al de los niños promedio.
Algunos chicos en la escuela se duermen y otros se desmayan. Entonces la maestra los lleva al dispensario o manda llamar a la mamá para que lo lleven al hospital", cuenta Iván Tomassi, de 13 años y 83 libras. En San Miguel de Tucumán, la capital provincial, funciona el Hospital Materno, el nosocomio que más partos diarios asiste en toda Latinoamérica.
De un promedio de 45 nacimientos al día, unos 10 niños deben ser hospitalizados en terapia intensiva e intermedia. La mayoría son bebés prematuros que veces no alcanzan los 800 gramos. Tenemos una población sumamente empobrecida en la que toda la crisis social hace mella en estas mamás. Son madres que no tienen controles prenatales, mamás con infecciones... tenemos un índice de prematuridad muy importante y de prematuros de bajo peso. Mamás desnutridas que llegan al parto en condiciones graves", explica María Cecilia Balart, jefa del servicio de Neonatología de la maternidad.
El índice de desnutrición materna es ahora mayor y "está en franco aumento", añade. Tras algunos meses de cuidados hospitalarios los bebés se recuperan y están listos para volver a casa. Pero allí empieza nuevamente el problema: estos pequeños son más débiles que los demás y su desarrollo normal depende de su entorno social, que en general es de extrema precariedad.
Así se convierten en condenados a nunca tener un desarrollo normal. Sin duda una de las causas de esta situación es: la creciente pobreza que afecta a la mitad de los 36 millones de argentinos y que la mayor parte de las veces es consecuencia de la falta de empleo.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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