Después de 200 años de haberse abolido la esclavitud, lejos de ser un mal del pasado, sigue siendo hoy un mal del presente.
Ante esta realidad, el tema que nos atañe hoy son las condiciones infrahumanas en que se encuentran miles de latinoamericanas que trabajan en sus países o en el extranjero como "empleadas domésticas", situación que algunas ONG’s han denunciado y que califican de "esclavitud moderna".
Las trabajadoras domésticas sólo son mencionadas cuando se ven envueltas en robos o hechos macabros o cuando son acusadas de seducir a los hombres de la casa o maltratar a los niños de las familias en que trabajan. Y, sin embargo, las estadísticas revelan que estos casos son minoría.
Millones.
El trabajo doméstico es la principal fuente de empleo femenino en América Latina: son más de 12 millones de mujeres que se dedican a realizar tareas del hogar y criar hijos ajenos, muchas veces a costa de los suyos propios.
Este grupo de trabajadoras mientras realizan sus labores sufren una serie de agresiones muy dramáticas y concentra prácticas discriminatorias muy acentuadas: primero, porque son mujeres; segundo, porque son pobres, tercero porque la gran mayoría vienen de poblaciones rurales y, por lo tanto, muchas de ellas pertenecen a poblaciones indígenas y hablan español como segunda lengua. Esto ocurre en México, pero en el resto de los países pasa lo mismo.
Humillación.
Hay infinidad de situaciones humillantes como de algunas empleadoras que deciden administrar una píldora anticonceptiva en el jugo de la trabajadora del hogar sin que ella sepa para que no se embarace y no se vaya, hasta casos de que quedan encerradas bajo llave, casos de acoso sexual, retención de salarios y condiciones de trabajo infrahumanas.
Por ejemplo, la comida que deben ingerir no puede ser la misma que comen sus empleadores. Es una alimentación de baja calidad lo que termina ocasionándoles problemas de des nutrición.
Denigrante.
Para la mayoría de las personas, el trabajo de las empleadas domésticas es denigrante, es desprestigiado, mal pagado y de alguna manera no es regulado adecuadamente, lo que dificulta a quienes lo ejercen reclamar sus derechos.
Según la OIT, el trabajo en casas es mucho más problemático de lo que ofrecen las estadísticas, pues al desarrollarse en el ámbito privado de las familias su medición real es muy difícil.