Un gran río de lava descendía ayer por las laderas del Monte Etna hacia un refugio para alpinistas y turistas (al este de Sicilia), mientras la gente de las poblaciones cercanas abandonaban sus casas tras sentir dos sismos.
No hubo heridos y ningún edificio resultó dañado en los movimientos telúricos consecutivos causados por la actividad volcánica en el este de Sicilia. El primer temblor tuvo una magnitud de 2.7, y el otro, de 3.7, según el Instituto Nacional de Geofísica.