Se llaman "lectores de tabaquería" y entretienen con las lecturas más diversas a los torcedores de habanos en todas las fábricas de Cuba desde hace casi 150 años.
El Gobierno cubano ha propuesto a estos singulares lectores para la lista del "patrimonio inmaterial de la humanidad".
Los lectores de tabaquería leen desde un estrado para sus colegas, a veces con intención educativa, aunque también dedican tiempo al horóscopo, la sexología o las recetas de cocina.
Su nacimiento está documentado en diciembre de 1865, cuando un rico ilustrado llamado Nicolás de Azcárate se propone distraer a los trabajadores durante su tediosa tarea de torcer habanos durante horas y horas.