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Lidiando con la Malina rusa

En la ex Unión Soviética hay más de siete millones de ilegales que realizan trabajos informales.


UNO DE los factores que se generó tras la caída de la Unión Soviética, en 1991, fue la movilización de millones de inmigrantes hacia los centros de desarrollo comercial de Rusia.
Investigadores en temas migratorios señalan que desde 1992 comenzó un aumento de la inmigración en Rusia y en sus siete distritos federales.
Dos elementos aparecieron de inmediato: la mano de obra ilegal extranjera fue desplazando a los obreros rusos y se sobrepasaron los índices de la delincuencia, debido al tráfico oculto de personas.
Rusia tiene hoy un serio problema migratorio, similar al que existe en Estados Unidos. Se estima que entre 10 a 12 millones de personas son trabajadores foráneos y siete millones no tienen en regla sus papeles de residencia laboral.
Para las autoridades de Moscú, que se vanagloriaban de su rígido sistema migratorio y su blindada seguridad fronteriza, cayó como balde de agua fría el inusitado poder que adquirieron las bandas de malechores que en esta parte del globo se les llama "Malina Russikaya" (mafia rusa).
El desmoronamiento del bloque soviético también afectó a las ex repúblicas comunistas de Europa del Este. Desde entonces, miles de trabajadores ucranianos, bielorrusos, kazakos y moldavos, así como naturales de la conflictiva zona del Cáucaso, llegaron como marejada a las calles de Moscú.
Según reportes de corresponsales de la BBC en Rusia, algunas autoridades del país aprovecharon la crisis migratoria y el ambiente xenofóbico entre grupos radicales para comenzar una serie de medidas para controlar la inmigración.
A principios de este mes de abril, los rusos decidieron imponer barreras a la inmigración extranjera, a la vez que se oyó a algunos funcionarios decir que "llegó la hora de acabar los enclaves étnicos" dentro de esta nación.
El Servicio de Inmigración Federal ruso estima que los inmigrantes conforman el 22% de la población de la federación.
Otro punto de vista es la cuestión de inseguridad que viven los ilegales en Rusia. Mientras unos deben responder financieramente a los mafiosos de la Malina, otros temen por sus vidas ante los trabajos difíciles y sucios que realizan.
Steven Eke, analista sobre la ex Unión Soviética de la BBC de Londres, advierte que los inmigrantes sufren condiciones deplorables, abusos de las autoridades, son víctimas clásicas de los "cabezas rapadas", no tienen derechos, no poseen seguro social ni estabilidad económica.
Al igual que los latinoamericanos que emigran hacia Estados Unidos y Europa, los inmigrantes del Cáucaso y de Asia Central que laboran en Rusia envían millones de dólares de remesas hacia sus hogares y familias que dejaron atrás.
Eke denunció que hay una especie de "doble discurso" de las autoridades. "Después de las manifestaciones racistas en el poblado norteño de Kondopoga el pasado verano, los funcionarios de migración rusos adoptaron tácticas disuasivas", acotó.
Una medida migratoria que ya comenzó a implementarse es la que permitirá una cuota de personas que puedan aplicar para permisos de trabajo en Rusia.
Siete millones de personas serán admitidos de países que tengan acuerdos de visa libre con Moscú, junto con otro grupo más pequeño de ciudadanos de países que aún requieren visado.
Además de las restricciones migratorias aduanales, también comenzó a aplicarse la política que gradualmente prohibirá a trabajadores extranjeros laborar en comercios al por menor y en mercados públicos. Tampoco el inmigrante extranjero podrá vender bebidas alcohólicas y productos farmacéuticos.
Millones de rusos dependen del comercio de los mercados al aire libre para adquirir alimentos y otros productos.
Esto se debe a que los precios en los almacenes tienen los niveles existentes en Occidente, considerando que el salario mínimo en Rusia ronda los $5, 000 anuales.
Aunque las medidas son rígidas, todavía la fuerza de la mafia rusa se mantiene vigente, pero el que sufre es el inmigrante ilegal.
Ya en la televisión rusa se muestran rondas y rondas de operativos para detener a los trabajadores que no están en regla. El slogan de las autoridades es que hay rusos que podrán ocupar los puestos de los ilegales para reemplazarlos.
El analista británico duda de esta aseveración, pues como sucede en todos los países del mundo, nadie quiere hacer los "trabajos sucios" y a Moscú no le quedará otra que dejar a los extranjeros continuar con sus empleos improvisados en la "madre Patria rusa".


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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