Los inspectores de la ONU llegaron ayer a un acuerdo de 10 puntos con Irak en el que éste se compromete a cooperar más para demostrar que no posee armas de destrucción masiva, mientras desde Washington aumentaba la presión para que el presidente Sadam Hussein abandone el país.
Este compromiso entre ambas partes se produce siete días antes de que los expertos de la ONU presenten ante el Consejo de Seguridad un esperado informe sobre sus primeros meses de inspecciones, que podría tener serias consecuencias para Bagdad.
En el acuerdo, Irak se compromete a permitir a los inspectores un "acceso a todos los lugares, incluidas las casas privadas, a alentar a los científicos iraquíes a que acepten ser interrogados en privado y a proporcionar a la ONU una lista completa de los científicos que participaron en los ámbitos de armamento". Irak también anunció la formación de una comisión para investigar el reciente hallazgo de ojivas químicas.
Por su parte, el jefe de los inspectores de armas de la ONU, Hans Blix, dijo que Irak se había negado a permitir los vuelos de reconocimiento de aviones espías U-2 sobre su territorio para ayudar a los inspectores en su búsqueda de armas de exterminio. Amir Al Saadi, al más alto asesor científico de Hussein, dijo que todos los vuelos en las zonas de exclusión deben cesar para que Irak permita a los inspectores utilizar aviones U-2.