El presidente de Honduras, Porfirio Lobo, cumple dos años de haber asumido el poder, sin haber resuelto los problemas de desempleo e inseguridad en su país, donde la violencia se ha incrementado en su administración.
Esos dos flagelos siguen siendo asignaturas pendientes de Lobo, pese a que “empleo y seguridad” fueron sus dos promesas de campaña.
En una entrevista al Canal 10 de la televisión local, Lobo reconoció que no ha podido cumplir como esperaba sus promesas de campaña, pero señaló que en los dos años que restan de mandato seguirá trabajando en ese esfuerzo.
“Las decisiones que yo tome van a estar encaminadas a tratar de que hagamos lo mejor por Honduras y seguiré luchando por la seguridad de frente, seguiré luchando por ver cómo logramos mejores niveles de empleo para la gente”, subrayó Lobo, quien asumió el poder el 27 de enero de 2010.
Diversos sectores reconocen que los logros de Lobo se centran en política exterior, porque logró que la comunidad internacional reconociera a su Gobierno, después del aislamiento por el golpe de Estado del 28 de junio de 2009, al entonces presidente Manuel Zelaya.
Las relaciones con la comunidad internacional se terminaron de normalizar en 2011, pero en lo interno Honduras sigue viviendo los problemas del desempleo, una ola de violencia con un promedio de 20 muertos diarios, corrupción, pobreza y deficientes sistemas de salud y educación, entre otros.
Uno de los temas que también preocupa a los hondureños es el tráfico de cocaína, procedente de América del Sur con destino a Estados Unidos.
Honduras sirve de puente a los narcotraficantes, que hacen sus envíos principalmente por vía aérea y marítima.
Al respecto, Lobo dijo que Estados Unidos tiene que asumir su responsabilidad, porque es consumidor de la droga.
“Aquí hay una cosa real, los que producen y los que consumen; nosotros ponemos aquí los muertos y todo, los problemas sociales que tenemos, pero aquellos tienen que asumir su responsabilidad, enfatizó.