L os perros están empezando a ganarse el aprecio de los afganos, que nunca los tuvieron en gran estima, gracias a la contribución de los caninos adiestrados en limpiar Afganistán de las minas que cada día se cobran la vida de dos personas.
Tras décadas de guerra, en el país aún mueren cada mes 62 personas -la mitad, menores- debido a las explosiones de viejos artefactos, según datos del Centro de Acción de la ONU contra las Minas en Afganistán (UNMACA), que desde 1989 se dedica a la limpieza de explosivos.
En esa labor, los perros han demostrado ser grandes aliados en el esfuerzo que hacen los 8,500 afganos que trabajan en el Programa de Acción Contra las Minas en Afganistán (MAPA), y que aún tienen una ingente tarea por delante en uno de los países con más minas y restos de explosivos del mundo.
Los caninos no sólo cubren un territorio seis veces más deprisa que sus homólogos humanos, sino que también son capaces de olfatear minas enterradas a 13 centímetros bajo el suelo o de localizar artefactos en plásticos inmunes a los detectores de metales.
"Una de las cosas buenas de un perro deminador es su velocidad. Si comparas a un perro con un humano o una máquina, el perro es varias veces más rápido, más barato y más eficiente", dijo orgulloso Zaenuddin, el jefe de entrenadores del Centro canino de Detección de Minas (MDC) en Afganistán.
"Cuando huelen los explosivos, avisan sentándose y mirando a su cuidador. Y entonces otros deminadores limpian la zona usando una pequeña herramienta de excavación en un ángulo de 45 grados para impedir que la mina estalle", explicó.
El MDC fue creado en 1989 con un equipo de catorce personas y perros donados por Tailandia y entrenados por un norteamericano.
Pero el centro ha pasado de comprar pastores alemanes ya entrenados por un precio aproximado de 12,000 a 14,000 dólares a criarlos en Afganistán, donde nacen anualmente entre 50 y 60 cachorros.
Ahora "tenemos 165 perros preparados para operar y otros 117 en período de entrenamiento", informó el jefe de entrenadores.