A los hombres les gusta pensar que son ellos los que dan el primer paso para iniciar una relación, y las mujeres lo saben; por eso, "se dejan seducir" por el que ellas ya han elegido de antemano.
Y es que el arte de seducir es una cuestión tan femenina que ellos caen rendidos ante una mirada penetrante. Están envueltos en un hechizo, sí, pero que es natural.
La mujer, aunque ellos piensen lo contrario, es quien invariablemente produce ese gesto de aproximación que, aunque no es explícito, si es lo suficientemente notorio para hacerle saber al hombre que si puede acercarse.
Entonces, cuando un hombre avanza hacia la mujer lo hace porque ella le ha dado el permiso (algunos psicólogos hablan de la "orden" de acercarse).
En la mayoría de los mamíferos es el macho quien se encarga de realizar la propaganda sexual, mostrando así a la hembra su fortaleza.
En los seres humanos no es tan diferente, porque ellos para impresionar a la mujer alardean de todo lo que pueden, tienen tácticas, se trazan una estrategia.
Competitivos como son, inician un plan para entrar en el juego de la conquista, aquel en que el premio, por supuesto, será ella. Ella, en cambio, parece no hacer nada premeditadamente. Es coqueta por naturaleza, así que cada uno de los gestos que los vuelven locos, son vistos como naturales. Una sonrisa es suficiente para conquistar sin tanta táctica ni estrategia al incauto que cree efectiva su campaña de seducción.
Sabiduría popular.
No es casualidad que cancioneros de todo el mundo hablen de hechizos o embrujos cuando se refieren al hecho de haber sido seducidos por una mujer.
Y no sólo eso, sino que quieren seguir bajo ese encantamiento todo el tiempo que sea posible.
También películas y series clásicas de televisión han jugado con la figura de la mujer casi perfecta que debe gran parte de sus encantos a sus poderes mágicos. Ahí tenemos ‘Hechizada’, ‘Mi bella genio o, más recientemente, ‘Hechiceras’. No se trata, en ningún caso, de brujas que han logrado atraer al ser amado con una pócima mágica o algo parecido, sino de mujeres lindas y buenas, que además tienen la habilidad de sacar de cualquier apuro a su amado gracias a un don especial.
Este tipo de historias no son otra cosa que una manera subliminal de los hombres de expresar cómo relacionan la atracción que sienten hacia una mujer que los impresiona con un tipo de hechizo. No existen series, ni canciones ni mitos populares (como el de las sirenas, por ejemplo), sobre hombres que escondan un poder de encantamiento. A ellos generalmente se les atribuye poderes que tienen que ver con la fuerza, de allí las decenas de superhéroes que pueden saltar de uno a otro edificio, levantar trenes o incluso volar, pero ninguno es capaz de ordenarle la vida a su pareja con un movimiento de la nariz.