El ex obispo Fernando Lugo completa hoy sus dos primeros años como presidente de Paraguay en medio de continuos reclamos de campesinos que piden una reforma agraria y la preocupación por el linfoma que le fue detectado recientemente.
Una de las asignaturas pendientes del jefe de Estado, de 59 años y cuya llegada al poder supuso el fin de seis décadas de gobierno del conservador Partido Colorado, es la implantación de una reforma agraria en uno de los países más pobres y desiguales de Suramérica.
“Una de las responsabilidades pesadas (de Lugo) es la reforma agraria. Hay mesa de diálogo, un plan estratégico, pero en términos reales hubo poco avance”, afirmó la analista Milda Rivarola, para quien a este estado de cosas también han contribuido los grupos de poder “que no están muy interesados en que se reforme”.
En momentos en que Lugo viajaba a Brasil para unas pruebas y someterse a la primera sesión contra un cáncer linfático, cientos de campesinos ocuparon tierras privadas en el departamento de San Pedro, centro, después de una tregua de un año.
Los campesinos se replegaron, pero advirtieron que solamente con el jefe de Estado volverán a negociar la entrega de un latifundio de más de 21,000 hectáreas para asentamientos rurales, cuyo proceso de compra fue paralizada por denuncias de presuntas irregularidades, además de falta de recursos.
“No se consiguió armar una estructura articulada, no hay fondos para compra de tierras, porque la estructura misma del Estado está diseñada desde hace un siglo”, indicó Rivarola, al explicar que el Congreso, de mayoría opositora, tampoco ha apoyado las reformas.
Explicó que por esta razón fracasaron otras iniciativas del Gobierno para modificar el universo tributario, algunos de los cuales fueron rebajados a cambio del Impuesto a la Renta Personal.