Tras un segundo debate con su adversario Geraldo Alckmin, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, sigue dominando los sondeos y las elecciones parecen decididas, aunque los escándalos mantienen elevada la tensión de la campaña.
Los brasileños volverán a las urnas el domingo 29 para decidir entre Lula y Alckmin, pero si las encuestas no se equivocan, serán unas elecciones sin sorpresas y el presidente deberá ser reelegido con una ventaja de 20%.
Lula y Alckmin se volvieron a ver las caras la noche del jueves en un debate organizado por el canal SBT, en el que la corrupción fue otra vez el eje de las discusiones, aunque en un tono bastante más suave que en el anterior debate, hace 10 días, cuando ambos intercambiaron duras acusaciones.
Ante las cámaras de SBT, Lula y Alckmin hicieron más hincapié en sus programas de gobierno, que en el fondo poco difieren y, según coincidieron los analistas, el encuentro culminó con "un empate" que tendrá una mínima influencia en el electorado.
El senador Sergio Guerra, jefe de campaña de Alckmin, coincidió con esa apreciación y consideró que el debate "fue equilibrado". En tono un poco triunfalista, el jefe de campaña de Lula Marco Aurelio García, dijo que si hubo un empate "fue un buen resultado".