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Madres lloran en Roma


Patrizia Filippa abrazó un osito de peluche y pretendió que era su hijo, cuyo ataúd estaba a un lado. El osito y su hijo vestían el mismo uniforme militar.
La escena de esta madre italiana llorando desconsolada fue apenas una de las tantas que se vieron ayer cuando miles de personas dieron la despedida a los féretros que contenían los cuerpos de los 19 soldados que murieron la semana pasada en Irak, en la más sangrienta pérdida de vidas de tropas italianas desde la Segunda Guerra Mundial.
Los Filippa son una de las familias cuya vida quedó rota cuando supieron la noticia, el miércoles pasado, de que rebeldes suicidas habían atacado el cuartel general de los Carabineros en la sureña ciudad iraquí de Nassiriya.
La ceremonia en honor de los 19 caídos se celebró entre los blancos mármoles del monumento a Víctor Emmanuel, donde los familiares y el pueblo en general se dieron cita para despedir a los soldados, que fueron saludados como héroes nacionales.
Los ataúdes, cubiertos con la bandera italiana -roja, blanca y verde-, permanecerán en la Sala de las Banderas del monumento hasta hoy, cuando comiencen las ceremonias del funeral, que se espera atraiga a un millón de personas.
La multitud concentrada afuera del enorme monumento, donde también está la tumba del Soldado Desconocido y una llama eterna en su honor, comenzó a llegar antes del amanecer, horas antes de que los guardias abrieran las puertas al público.
Mientras hacía la cola para poder entrar, el niño italiano de 12 años, Tiziano Lucidi, levantaba un cartel que decía: "Adiós héroes. Su sangre ayudará a escribir nuestra libertad".
Sondeos recientes muestran que los italianos están divididos en dos grandes grupos: los que dicen que las tropas deben salir de Irak y los que piensan que deben permanecer ahí, tal como lo desea el gobierno del primer ministro Silvio Berlusconi.
Los políticos han estado ausentes en estas ceremonias, pero se espera que la polémica sobre la presencia militar de Italia en Irak vuelva a surgir muy pronto.
"No es justo morir tan joven en nombre de nada, morir por nada", dijo Anna Lodi, una mujer romana de 58 años que no podía dejar de llorar al salir de la sala donde estaban los féretros. "La vida es sagrada", agregó.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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