La joven mujer que se dolía de su ojo negro llegó a la estación de policía en busca de ayuda. No buscaba reportar un crimen o que arrestaran a alguien. Buscaba ayudar para tratar su adicción a la heroína.
"Era la mejor alternativa", dice la mujer de unos 20 años mientras espera un aventón que la llevara a un centro de desintoxicación, tras una larga noche que incluyó la sala de emergencias, luchar contra los dolores causados por el síndrome de abstinencia, y pasar la noche en la celda de la estación. "Solo sabía que si me dejaban ir, salía y volvía a consumir".