Alrededor del mundo existe la tendencia de colocar estos nombres considerados extravagantes, ridículos, inadecuados y contrarios a nuestras costumbres, sin embargo, hay padres que continúan registrando a sus hijos con nombres curiosos, ya sea por tradición o para darle un toque de originalidad.
Recientemente un matrimonio chino decidió llamar a su hijo recién nacido "Arroba", o "At", en inglés, que según en el idioma de Confucio significa "lo queremos", mientras que en la ciudad fronteriza de México, un niño fue registrado con el nombre de Yahoo, ya que sus padres se conocieron a través de ese buscador de páginas de internet.
En Malasia, algunos grupos les ponían nombres desfavorables a los recién nacidos para espantar a los demonios y a los malos espíritus. Nombres como Ah Chwar (Víbora), Khiow Khoo (Jorobado), Chow Tow (Cabeza Apestosa), Sor Chai (Loco de Atar) y Karrupusamy (Dios Negro), eran muy comunes en ese país.
Aunque usted no lo crea, no faltaban quienes nombraran a sus hijos con títulos de la realeza o de la nobleza, o con marcas de autos japoneses, bajo los nombres de Hyundai o Tsuru.
Pero, esto no debe extrañar a los habitantes de los países latinoamericanos, donde el hábito de encontrar nombres curiosos o extravagantes es una realidad. Por ejemplo, en Costa Rica se registran nombres que rayan en lo ridículo como Preciosísima, Alegría, Lírica, Digna Corona, Aufernee Blackcup, Basthinjunieth, Shardanny A-Queen, Lady-Sexy y My Lady.
En Colombia, la situación es la misma. En este país los padres registran a sus hijos como las Ladys, los John Fitzgeralds, Maicols, Arnubios o Jair Anduavers.
Otros nombres, como Luz Bella, Perfecta, Felicidades, Genio, Triunfo, Adoración, Clara Luna, Amanecer, Clara Estrella, Lucecita, Digna Corona, Corona Gloria, Poema, Cielo, Milagrito y Nube Luz, son registros producto del resultado de la emoción de padres extasiados por el nacimiento de sus hijos, y para colmo, la mayoría de estos nombres van acompañados de apellidos como Ave María, Delgado, Castro, Quesada, Pablo Faraón, Flores o Fernández.
En el caso de Panamá, los nombres extravagantes preocupa al Registro Civil, manifestó Eleazar Moreno, jefe del departamento Jurídico del Tribunal Electoral (TE).
Y es que alrededor de tres personas diarias acuden a estas oficinas para cambiar su nombre por considerarlos extravagantes.
Informes del 2006 indican que los nombres más ingeniosos se encuentran en la provincia de Panamá donde se contabilizaron 305 cambios de nombres, le sigue Veraguas con 157 y Chiriquí con 112. Los Santos y Darién fueron las regiones con menos solicitudes. Con cinco y seis, respectivamente.
Datos del Registro Civil señalan que a nivel nacional, aproximadamente 832 personas realizaron solicitudes, a fin de obtener un nuevo nombre, ya que los colocados por sus progenitores rayan en lo ridículo.
Nombres como Marciano, Petronila, Margarito, Zaqueo, Gumersindo, Juangui, Secinio, Chivo, Octaviza, Policarpa, Kairovan, Quiliosvel, entre otros, son simplemente algunos.
Moreno señaló que el problema radica en que los mismos padres o a veces un pariente cercano desean seguir una costumbre familiar de ponerle ese nombre a su hijo porque ese era el nombre del abuelito o la abuelita, sin percatarse que ese nombre más adelante afectará de una u otra forma a la persona.
Así también lo reconoció el psicólogo Eduardo Espino, quien sostuvo que los nombres extravagantes perjudican la identidad del individuo.
La etapa crítica afirmó Espinom, es cuando el menor entra a la escuela primaria, pues es objeto de burlas por parte de sus compañeros de clases.
Sin duda, la pérdida de la autoestima es una de las consecuencias más graves de la utilización de estos nombres poco apropiados, los cuales afectan al niño en su etapa de crecimiento.
En Panamá existen legislaciones que ya no admiten los nombres extravagantes, estipuladas en la Ley No.31 de 2006 del Registro Civil, que explica que el oficial de la institución queda facultado para negar la asignación de nombres impropios y ridículos.
Antes el Registro Civil requería de varias formalidades como la presentación de un abogado, pruebas documentales y testimoniales para realizar un cambio de nombre, pero todo esto ha cambiado, ya que los funcionarios son conscientes que estos nombres perjudican al individuo.