Además del sufrimiento que provoca en la población, la escasez de agua afecta -de forma cada vez más evidente- la seguridad en la región.
La "guerra del agua" es un frase acuñada en el Medio Oriente, pero en realidad, son los conflictos existentes los que hacen que la crisis del agua en la zona sea mucho más difícil de resolver.
Casi cuatro décadas después de que Israel ocupara los Altos del Golán, Quinetra sigue siendo un pueblo fantasma.
Para los sirios, sus ruinas sirven a modo de recordatorio de que la guerra no va a terminar hasta que Israel devuelva no sólo toda la tierra, sino también toda el agua que se llevó junto con ella.
Irssan Irssan era un niño cuando los tanques israelíes llegaron a su pueblo.
Hoy, está a cargo de los recursos hídricos en la zona del Golán controlada por Siria. Según Irssan, entre la población árabe hay un gran sentimiento de injusticia sobre la manera en que se distribuye el agua en la región.
"Cada israelí usa diez veces más agua que cualquier palestino o sirio", dice. "Los israelíes están construyendo pozos en las Alturas del Golán y utilizando un recurso que debería ser para todos".
El Gobierno israelí dice que no ha excavado ningún pozo ni construido ninguna represa en los Altos del Golán, pero que los acuíferos de la ciudad son una fuente crucial de agua para el país.
En el pasado, las disputas sobre el acceso al agua han entorpecido el proceso de paz. Es un círculo vicioso: a medida que el agua se vuelve más escasa y la competencia por obtenerla se hace más hostil, se hace más difícil poner fin al conflicto.
Tensión en las relaciones.
El agua también está jugando un papel cada vez más importante en las relaciones entre otros países del Medio Oriente.
La construcción de represas río arriba, sin el consentimiento de los países a donde llegan las aguas del río, es un problema de larga data en el Medio Oriente, pero nunca antes las consecuencias de construir una represa fueron tan evidentes.