Playas doradas, tequila y policías que tienen fama de corruptos, se combinan en México para ofrecer un acogedor refugio a los fugitivos de la justicia, especialmente los estadounidenses.
Recientemente, casos de sacerdotes pederastas, un millonario condenado por el delito de violación y hasta un criminal de guerra refugiado en México han acaparado la atención pública y evidenciado la debilidad del sistema mexicano de seguridad.
“La percepción es que en México no tenemos un buen sistema de verificación de identidad de personas que entran y salen del país a diferencia de Estados Unidos o Europa”, dijo el abogado Arturo Zamora, presidente del Instituto de Ciencias Penales de México.
De acuerdo con la FBI, hasta el año 2001 había 250 prófugos de la justicia estadounidense en México, un país que comparte con su vecino del norte una extensa frontera de más de tres mil kilómetros.