Michelle Obama, la abogada que se casó con un joven que tenía grandes sueños y se convirtió en el primer presidente afroamericano de la historia de EE.UU.,
comenzó teniendo un papel discreto como primera dama
pero se ha convertido en una figura política querida y fundamental.
Nadie como
ella defendió los valores de Barack Obama en la Convención demócrata de septiembre en Charlotte (Carolina del Norte), en la que el presidente fue designado oficialmente candidato para la reelección en los
comicios del 6 de noviembre.
No sólo habló de sus ideas políticas, sino que
mostró la cara más humana de un presidente que, en sus palabras, defiende valores como la honestidad, la integridad, la dignidad, la gratitud y la humildad.
"
Barack sigue siendo el mismo hombre de quien me enamoré", dijo Michelle, radiante, con un vestido fucsia sobre el escenario del Time Warner Cable Arena, convertida en tan sólo cuatro años en una de las figuras más populares del partido.
Atrás quedaron los difíciles inicios, en los que f
ue criticada por parecer una "mujer irascible", en palabras del comentarista conservador Bill OReilly, y que fue acusada de antipatriota cuando en un acto de campaña en 2008 dijo que por primera vez se sentía "orgullosa" de su país, al ver a su marido como candidato.
Puede que eso hiciese que
esta abogada de 48 años fuese reticente en un primer momento a los actos públicos y se declarara, a su llegada a la Casa Blanca, ante todo,
madre de Malia y Sasha.
Su habilidad para mantenerse al margen de polémicas y centrarse en causas populares como la lucha contra la obesidad infantil con iniciativas como "Lets Move"
le han permitido ganarse, poco a poco, a los estadounidenses.









