Miles de personas asistieron ayer al entierro de los 159 refugiados tutsis congoleños que murieron el pasado viernes en la masacre del campamento de refugiados de Gatumba, en Burundi.
Los féretros de las víctimas, la mayoría de ellas mujeres y niños que recibieron balazos, machetazos o murieron abrasados, fueron depositados en una fosa común de 20 metros de largo ubicada no lejos del lugar donde perecieron.
Las autoridades planean repatriar los restos mortales hacia el este de la República Democrática del Congo una vez que la situación de seguridad en la región lo permita.