Con el transporte público ralentizado y cientos de vuelos cancelados, millones de personas en el este de Estados Unidos intentaron volver a la normalidad tras la feroz nevada del fin de semana, que costó la vida a al menos 37 personas y todavía paraliza la actividad en escuelas y centros de trabajo.
Las causas de las muertes fueron desde la hipotermia a los accidentes automovilísticos, pasando por la intoxicación con monóxido de carbono y los ataques al corazón de varios ancianos que trataban de despejar con palas la entrada de sus casas.
Unos 1,600 vuelos internos o con origen o destino en Estados Unidos resultaron cancelados, y al menos 1,326 fueron retrasados, según el recuento del sitio web especializado flightaware.com.
Pero esas cifras son inferiores a las del fin de semana, y los aeropuertos de Dulles, Ronald Reagan y Baltimore, los más cercanos a Washington, reanudaron sus operaciones.