Los automóviles lujosos han dejado de ser el vehículo distintivo de algunos millonarios filipinos, que prefieren adquirir un helicóptero con el que evitan los interminables atascos que se producen a diario en las carreteras del país.
"He trabajado mucho y ahora quiero disfrutar de la vida, me encanta viajar pero odio el tráfico, por eso decidí comprarme uno", afirma Jomar Hizon, propietario de la fábrica de procesado de carnes Pampangas best en la localidad de San Fernando, a unos cien kilómetros de Manila.
El helicóptero, de un color rojo que recuerda al de los coches deportivos, descansa en el pequeño círculo de cemento que Hizon hizo construir en un jardín de la fábrica, a escasos metros de su despacho.
Después de discutir unos minutos el itinerario con su hermano Darius, al que paga 60 dólares (43 euros) por hora por su trabajo de piloto, el millonario se acomoda en uno de los cuatro asientos y ordena el despegue.
"Aquí abajo está la autopista que lleva al norte del país, pero nosotros no la necesitamos", señala sonriente Hizon mientras el aparato comienza a sobrevolar la región de Pampanga.