Catorce años después del fin de la guerra, Bosnia-Herzegovina tiene que gestionar un legado pesado. Unas 220.000 minas y otros artefactos explosivos están todavía diseminados en su territorio, según han informados ayer las autoridades.
Dusan Gavran ha declarado en Sarajevo que estos artefactos están dispersados en unos 1.620 kilómetros cuadrados del territorio. Desde 1996, 492 personas murieron por explosiones de minas en Bosnia-Herzegovina, de las que 41 eran artificieros que realizan tareas de limpieza.