Por lo menos 21 policías antimotines murieron ayer cuando una mina terrestre estalló bajo un convoy en la capital chechena, Grozny, en el mayor ataque perpetrado hasta ahora contra la fuerza policial de Chechenia, informó un funcionario del gobierno checheno designado por Moscú.
La explosión ocurrió un día después que 11 soldados rusos murieron y 13 resultaron heridos en dos ataques rebeldes en la sureña región de Shatoi, y representó un significativo resurgimiento de la actividad rebelde, luego de meses de ataques de pequeña escala.
La explosión ocurrió a escasos 100 metros del cuartel de la policía chechena en Grozny. El primer autobús del convoy tocó una mina accionada por control remoto, y los rebeldes dispararon contra los vehículos, dijo el funcionario. Un reportero de The Associated Press en la capital chechena dijo que el tiroteo se prolongó durante unos 15 minutos, y la televisora estatal RTR señaló que los disparos provenían de un edificio alto cercano.
El Ejército ruso cerró ayer a cal y canto la capital de Chechenia tras la muerte de los policías antes de que el presidente Vladímir Putin diera nuevamente por "terminada la fase militar del conflicto" chechén. Putin dio por hecho que las fuerzas del orden acabarán con los "bandidos y terroristas" y abogó por centrarse en los problemas socio-económicos de Chechenia, devastada por dos cruentas guerras, y devolver la rebelde república al espacio político y jurídico ruso.
Al tiempo, Putin se hizo eco de las críticas internacionales por los abusos de su Ejército en Chechenia, al señalar que las acciones de la guerrilla separatista "no deben ser motivo para restringir los derechos de todo un pueblo".